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Atleta lesionado en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Superación personal

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La semana pasada asistí a la mejor clase de mi vida. El profesor fue Jaume Bartrés, preparador físico del primer equipo del RCD Español, y nos habló del coaching, un sistema de entrenamiento que nos permite descubrir y desarrollar habilidades para mejorar en una determinada disciplina. Nos puso varios vídeos de motivación y superación personal (poco a poco los iré publicando todos), pero el que aquí muestro fue, sin duda alguna, uno de los más emotivos. Cuando lo vi en clase, si hubiese durado treinta segundos más probablemente no hubiera podido contener las lágrimas.

El protagonista, Derek Redmon, fue un atleta británico que arrastró problemas de lesiones desde el inicio de su carrera deportiva y, lejos de sucumbir ante los múltiples obstáculos que dificultaron su rendimiento, llegó a convertirse en uno de los mejores. En los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992) era el favorito para ganar los 400 metros lisos, pero durante el transcurso de dicha prueba se lesionó. No obstante, nos brindó una valiosa lección de humildad y sacrificio imposible de olvidar. El hombre que lo acompaña hasta la línea de meta es su padre que, en un principio, bajó para ayudarlo a abandonar la pista, pero al conocer la intención de Derek se limitó a colaborar para cumplir su deseo.

A veces la victoria no se rige por la normativa de una competición. Puede ser algo mucho más espiritual y sentimental que desencadena una lucha interior por alcanzar un objetivo bien distinto del habitual: crecer como ser humano. Al fin y al cabo, la medalla queda colgada en la pared; el espíritu competitivo y las ganas de superarse a uno mismo se pueden aplicar en cualquier contexto.

Como dijo Jim Ryun (atleta estadounidense y político): “La motivación es lo que te ayuda a empezar. El hábito te mantiene firme en tu camino”.




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