que sentimos al morir

Cuando una persona se muere

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En nuestros tiempos, para muchas personas la muerte es un tema tabú que prefieren eludir. Hay empresas que se ocupan de darle el ultimo homenaje al fallecido esparciendo sus cenizas en tierra o mar. La extraña sensación de desaparecer, la añoranza que supone perder los frutos recogidos tras interminables horas de trabajo, separarnos de nuestros seres queridos y el temor al sufrimiento son sentimientos que se anclan en nuestras entrañas y nos sumergen en un estado de ansiedad e intranquilidad que nos incitan a ver la muerte como algo trágico. No obstante, disponemos de un recurso que interpreta la muerte como una continuidad de nuestra existencia: la fe.

En la Edad Media, Dietrich Kolde, religioso franciscano, publicó en 1470 Mirror for Christians (Espejo para cristianos), un manual que ayudaba a preparar la muerte. Se convirtió en una obra referencial que ayudó a muchos cristianos a sobrellevar sus últimos momentos de vida pronunciando las instrucciones recomendadas.

“Cuando alcances el momento de la separación, o cuando llegue la amarga muerte, debes decir repetidas veces estas palabras: ¡Oh, Dios Santo! ¡Oh, Dios poderoso! ¡Oh, Dios compasivo! ¡Oh, juez estricto y justo, ten misericordia de mí, pobre pecador, cuando deba responder ante tu terrible y justo tribunal, y cuando dé testimonio como pobre ser humano sobre mis palabras y mis acciones. ¡Oh, querido Jesús, que tu amarga y sagrada muerte, tu preciosa sangre y tu inenarrable sufrimiento se interpongan entonces entre tú y todos mis pecados!… ¡Oh, María, permite que nunca tenga que oír la voz de Jesús como estricto juez! ¡Oh, amable, compasiva y dulce María, quédate ahora a mi lado, porque hoy tengo que librar una batalla de la que depende la eterna bendición de mi alma o su eterna condena!”.

Incluso, hay evidencias de que los prehistóricos, los egipcios y los pueblos mesoamericanos (entre otras muchas civilizaciones) ya se cuestionaban el significado de la muerte y hacían culto a sus muertos pensando en el más allá.

Muchas personas se rinden ante las modas adoptando comportamientos y formas de pensar incoherentes dada su incapacidad para explicar el porqué de su conversión. Ahora está de moda decir “soy ateo”, pero lamentablemente sólo unos pocos tienen argumentos justificados para explicar su ideología. Y yo me pregunto, ¿por qué los ateos critican a los creyentes si el fundamento es el mismo? Si nadie ha podido desacreditar una hipotética vida después de la muerte, ¿por qué creer que no hay nada? ¿No es más alentador mantenerse a la expectativa y pensar que podríamos tener una vida más agradable?




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