Oportunidades. ¿Para quien?

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Hoy tengo el día crítico y me apetece cuestionarme una de esas frases hechas que escuchamos con tanta frecuencia: “las crisis son oportunidades”. Como mensaje de ánimo y aliento me parece interesante, pero tratando de ponerme en la piel de personas que lo están pasando francamente mal y que se preguntan “¿en dónde coño está la oportunidad?”, daré una visión de la frasecita desde el punto de vista de estas personas.

Las personas nacemos con un montón de “accesorios” que nos vienen de fábrica, uno de los cuales es el rango optimismo/pesimismo. Desconozco las razones biológicas que encasillan a cada uno en un lado de la balanza, pero supongo que es una cuestión genética más que nada. El optimismo/pesimismo tiene una capital importancia en nuestro comportamiento futuro y en el modo de afrontar los problemas, porque según la manera en cómo veamos las cosas, así reaccionaremos. Y, evidentemente, no percibe las cosas del mismo un optimista que un pesimista.

Ante una misma situación adversa (supongamos, una crisis), algunas personas reciben una patada en el trasero y se ponen a buscar soluciones que resuelvan el problema (los optimistas) y otros reciben una patada en el estómago y se quedan paralizados quejándose contra quien se la propinó (los pesimistas). Y ese distinto modo de afrontar las contingencias es lo que, en definitiva, justifica o invalida la frase tan manida de que “las crisis son oportunidades”. En líneas generales, no es cierto: ¡¡depende de las personas!!

A nivel de empresa, hay muchos directivos que acuden a frases hechas de este estilo con el objetivo de motivar a la audiencia; mi mensaje de hoy viene a cuento de hacerles ver que deben ser conscientes que hay que hacer más cosas que abrir la boca y soltar palabras “huecas” de valor, como es la susodicha frase. Deben ser conscientes que quien les escucha tiene un filtro interno (pesimismo/optimismo) que va a condicionar la respuesta ante tales palabras de aliento. Si quien nos escucha es un optimista, se creerá la frase y comenzará a indagar en busca de la oportunidad oculta. Por contra, si ante nosotros tenemos un pesimista, maldita la gracia que le va a hacer escuchar frases a las que no le ve sentido por ningún lado. ¿En dónde está la oportunidad?

En definitiva; conviene hacer algo más que ejercer de “mesías”. Conviene acercarse emocionalmente a la persona a quien queremos motivar y preguntarle, antes de nada, algo así como: “¿cómo ves las cosas?”. La respuesta a una pregunta tan simple nos permitirá intuir en que rango de la escala optimismo/pesimismo se encuentra, y a partir de ahí, sí que podemos comenzar a trabajar para moverlo hacia el lugar más favorable, adaptando el mensaje a sus condiciones particulares que serán, con toda probabilidad, radicalmente diferentes a las de cualquier otro colega de trabajo.

¿Cómo moverlo? Sería un poco extenso meterme en el asunto, pero únicamente diré que una de las más recientes herramientas que los directivos están incorporando es el conocido “coaching”, que cuando es correctamente aplicado permite que las personas salgan de ese pozo en el que se encuentran sumidos y comiencen a ver las oportunidades que pueda haber por fuera. Remarco: primero saber cómo es la persona que hay enfrente y, luego, trabajar de modo particular con ella. Ese es el camino, y no tanta frase hecha.




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