una historia de parejas

Cuando rompes la relación con tu pareja

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Esta mañana he visto en el gimnasio a un amigo de la infancia con el que he compartido muchísimas cosas y hemos estado hablando un buen rato. Han salido a la luz recuerdos muy emotivos que permanecían ocultos tras las emociones que me embargan a diario y la nostalgia que me provoca trasladarme a tiempos pretéritos, aunque debo reconocer que, en ocasiones, deleito mi alma con esos momentos que tanto añoro. Pero el tiempo pasa y debo aprender a adaptarme a las nuevas etapas que se presentan con el paso de los años.

En realidad es una situación que vivo a menudo y resulta muy interesante conocer el camino que han seguido aquellas personas con las que he jugado a fútbol, a las canicas, a las chapas, a los tazos, a los gogos, además de intercambiar cromos para rellenar la colección de la liga de fútbol o la de Dragon Ball. ¡Qué tiempos!

Unos trabajan, otros estudian. Unos se han ido a vivir fuera, otros siguen viviendo en el barrio. Unos han alcanzado sus metas, otros se han quedado por el camino. Hasta aquí, todo parece lógico. La realidad de cada uno es independiente a la del resto y las circunstancias transcurren en base a nuestras vivencias. Pero hay una realidad común en la mayoría de casos (por no decir en todos): las dificultades en las relaciones sentimentales.

El chico que he visto esta mañana ha roto con su novia después de tres años de relación. Según me ha comentado, desde que empezaron a convivir juntos la relación empezó a deteriorarse y poco a poco se fue apagando la llama del amor. Según sus propias palabras, se sintió atrapado, tuvo que renunciar a su libertad y se vio obligado a dejar algunas aficiones que practicaba hacía años.

Conozco muchos casos de amigos de la infancia que han roto con sus parejas y, sorprendentemente, la mayoría utiliza esta argumentación para justificar sus fracasos amorosos, lo cual incita a reflexionar acerca del verdadero motivo que provoca tantas rupturas.

Desde mi humilde punto de vista, creo que el error reside en querer agradar a nuestra pareja mostrando una actitud artificial, sin ser nosotros mismos. Tengo un amigo que, a menudo, me habla de lo maravilloso que fue todo cuando conoció a su mujer; se sentía muy orgullosa de él porque tenía una moto, le gustaba como vestía, presumía con sus amigas porque tenía un pendiente en la oreja izquierda, le encantaba la música que escuchaba… Sin embargo, pasados los años, no le gustaba nada de lo mencionado, lo cual generó múltiples discusiones y la relación se degradó. ¿Crees que es lógico intentar agradar a tu pareja renunciando a expresar lo que realmente piensas?

La comunicación es fundamental para que la pareja se compenetre y trabaje en equipo, pero muchos infravaloran su potencial y prefieren ser egoístas y alimentar su orgullo para vencer en cada una de las discusiones que se generan. No obstante, pienso que la inclusión de la mujer en el mercado laboral y el libertinaje están causando estragos en las relaciones sentimentales. Muchos hombres todavía piensan que los términos novia y mujer son sinónimos de propiedad y la mujer ha prosperado mucho en los últimos años en cuanto al reconocimiento de sus derechos. Además, no estamos canalizando adecuadamente el significado de libertad y lo confundimos con el libertinaje.

Evidentemente, para encaminarnos hacia la felicidad debemos atender a nuestra voluntad para cumplir nuestros deseos pero en las relaciones personales nuestra voluntad pasa de ser exclusiva a convertirse en un complemento del vínculo establecido con nuestra pareja. Si queremos tener pareja debemos fomentar su felicidad. La libertad de uno mismo termina cuando anulamos la libertad de los demás.




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